2. junio 2018

San Francisco – el más bello de todos

At the Top of Paso San Francisco

Argentina y Chile viven lado a lado. Los países comparten más de 4.000 kilómetros de frontera formados por la cadena andina. Más de una docena de pases conectan los dos países. Situado más al norte es el Paso Jama. Luego sigue el Paso Sico, que sigue desde San Pedro de Atacama hasta Salta. Varios cientos de kilómetros más al sur es el Paso San Francisco. Con 4.762 metros, es el más alto, que conecta a Chile con Argentina.

Estábamos en Copiapó, así que era obvio que conduciríamos por el Paso San Francisco. 500 kilómetros separan a Copiapo de Tinogasta, que se encuentra en Argentina. Después de meses a nivel del mar, tuvimos que aclimatarnos para evitar el peligroso mal de altura. En 2’100 metros llegamos a un hermoso lugar bajo una acacia y en un hogar con madera. Perfecto para poner nuestro filete a la parrilla antes de que sea confiscado en la aduana. Apreciamos el silencio después de pasar la noche anterior en un estacionamento en Copiapó.

El siguiente campamento fue a 3’100 metros, en un valle a través burbuja un riachuelo. Se enfrió tan pronto como el sol se puso. Antes de meternos en los sacos de dormir, un otra mirada a la Cruz del Sur. La mañana fue tan fría como la noche. Condujimos hacia el sol y desayunamos donde sus cálidos rayos se hicieron sentir. El café sabía aún mejor que de costumbre; la cafetera calienta mis rígidos dedos helados.

Mahangu fumó mientras serpenteábamos en serpentines. A 3.800 metros llegamos a la Laguna Santa Rosa cubierta de hielo. Una hora más tarde sigue la aduana chilena. Eso al lado argentino estaba a noventa kilómetros más al este. En el camino pasamos el punto culminante del paso a 4’762 metros de altitud y la hermosa Laguna Verde, que era más azul que verde. Luego, a la derecha, apareció el Nevado Ojos del Salado, a 6.893 metros, el volcán activo más alto de la tierra. Y luego siguió la parte más hermosa de este paseo inolvidable. El camino serpenteaba a través de un colorido cañón. Las paredes eran de color rojo brillante, rojo intenso, púrpura y ocre. A 3.000 metros encontramos refugio del viento. Cuando nos despertamos a la mañana siguiente, acordamos que el día anterior habíamos cruzado el paso más hermoso de los Andes: ¡el Paso San Francisco!

Quisiera ver más? Mira el Video the nuestro viaje sobre el paso.